Dr. Calatayud Maldonado: “Para comprender a un paciente, te debes meter dentro de él”

Marta Narvaiza. Es Doctor en Neurocirugía, Profesor Emérito de la Universidad de Zaragoza, miembro de la Real Academia de Medicinal con el sillón número 45 (Neurocirugía), presidente del Rotary Club, hijo adoptivo de Aragón, premio Paul Harris, medalla de Oro de la Facultad de Medicina de Zaragoza… su currículum es larguísimo.

Sin embargo, hoy quiero preguntarle sobre su parte más humana.

Cuando estudiaste Medicina ¿qué fue lo que te impulsó a especializarte en Neurocirugía?

El conocimiento del cerebro y los Maestros. Mi Maestro se llamaba D. José Escolar García, que fue el que me inició a conocer el desconocido cerebro y, al ser un desconocido, todavía me interesaba más. Esa es una razón. Y otra razón es que me gusta correr riesgos. Y el riesgo es abrir una cabeza y tratar de quitar algo que está mal.

¿Cuál es la sensación que se tiene cuando tienes un paciente nuevo al que no sabes si podrás ayudar?

Al paciente siempre se le puede ayudar. Se le podrá ayudar físicamente o psíquicamente pero, siempre, le puedes ayudar. No solamente le “puedes” sino que le “debes” ayudar. Por eso una de las cosas más importantes que hay en medicina es hablar.

Ahora la tecnología está acabando con la conversación. ¿Por qué te digo esto? Ahora un paciente te dice que le duele la cabeza y se le manda una resonancia. Pues no. ¿Cuándo te duele la cabeza? ¿Duermes bien? ¿comes bien? ¿Discutes? ¿No discutes? ¿Lloras? ¿has perdido el oído, el olfato…? Hablar. Al enfermos siempre se le puede ayudar. Otra cosa es cómo.

Tienes que pensar que siempre le vas a ayudar. Aunque sepas que se va a morir…

¿Qué le dices entonces?

Que no se va a morir, que la cosa hay que pensársela. Pero no se le puede quitar la esperanza a un enfermo. Nunca. Aunque esté gravísimo. Nunca se debe quitar la esperanza. Por eso no es lo mismo la palabra “cáncer” que la palabra “tumor”, aunque a veces sean lo mismo. Pero si dices “cáncer” a la gente la asusta.

Si volvieses a nacer, ¿volverías a hacer o estudiar lo mismo? ¿O te arrepientes de algo?

Yo no me arrepiento de nada, me fastidia no ser alto, (se ríe) como tú Además lo volvería a hacer todo igual. Todo igual. Sobre todo el aspecto humano de la medicina… Se está perdiendo la humanidad.

¿Empatizas con tus pacientes o prefieres guardar las distancias?

Vamos a ver, a mí me enseñaron que para comprender a un paciente, te tienes que meter dentro de él. ¿Qué quiere decir ésto? Yo tengo que saber cómo piensa para tratar de ayudarle. Si lo trato como pienso yo, entonces al que estoy tratando es a mí…

Por eso con cinco minutos de visita no es suficiente, a veces necesitas tiempo para que paciente se fíe de ti. Por eso siempre hay que empatizar. El enfermos es el único protagonista que hay en la medicina.

¿Cuál es el aspecto más importante de tu trabajo?

El contacto con el enfermo. Ahora mismo he estado dos horas con un paciente. Yo le he dicho que a quien quería ver era a él, no a sus radiografías… Eso es importantísimo. Comprender al enfermo. Había quedado contigo, pero he tenido que decir que me esperases, aunque no me guste… pero el protagonista es el enfermo.

De todos lo sitios en los que ha estado y trabajado, ¿cuál es al que volverías sin dudarlo?

A Alemania. Porque allí son muy concienzudos científicamente. América tiene mucho dinero y muchos aparatos pero ciencia poca. Y lo que no tiene base científica dura poco. Alemania, siempre.

Y de todas las personas que has conocido, ¿cuáles son las más extraordinarias?

Mi padre y mi madre. (Se ríe) Pues mis maestros, el profesor Hans Werner Pia, el profesor Escolar. Son importantes en mi vida científica profesional. Luego, humanamente, pues Juliette Gréco que la conocí en Francia; Miguel Arias Cañete, ministro… muchos, mucha gente.

¿Has conocido a algún personaje famoso?

Al rey Juan Carlos, al rey Felipe VI. (se ríe)¡Pero que eso no tiene importancia! Eso no te influye… eso son vanidades… El que más me ha impactado: Cantinflas. Me impactó muchísimo, era un tío impresionante. Vino aquí a rodar. Y a personajes de lejos… a Henry Fonda. Yo estudiaba en Granada y los estudiantes íbamos a hacer de extras a los estudios de Almería, !pero no te dejaban a cercarte!

¿Y si tuvieses que elegir solo a una persona?

Con mi madre y con mi Carmen. Ya está. Así de simple. Y eso que mi madre me sacudía todos los días cuarenta veces, pero bueno… Es igual. Mi madre y mi mujer. Eso es así. Y tú, sé tú. Tú contigo y, a partir de ahí, marcha. Además en tu propia familia tienes la cuestión. Y no te olvides nunca de quién es tu padre y quién es tu madre.

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